PsicoSanitaria

Construyendo la alianza terapéutica con los padres

Construyendo la alianza terapéutica con los padres

Lucía Toca Pérez, socia 118 de PsicoSanitaria

Actualmente prácticamente nadie duda de la importancia de la alianza paciente-terapeuta en el proceso terapéutico. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro paciente es un niño o niña? En este caso, además de la alianza que vamos a construir con el menor, va a cobrar una especial relevancia el papel de los padres y el establecer una buena alianza con ellos. 

 

¿Qué es la alianza terapéutica?

La alianza terapéutica es el vínculo que se establece en terapia entre el paciente y el terapeuta, el punto de encuentro que se forma entre ambos. Sobre este vínculo se basan la confianza y el entendimiento, que van a ser fundamentales para el proceso terapéutico. Se trata de la fortaleza de la relación de colaboración entre el paciente y el terapeuta, incluyendo la confianza mutua, el respeto, el interés y el compromiso con las metas del proceso terapéutico y de los medios para lograr alcanzarlas (Horvath y Bedi, 2002).

La alianza terapéutica va a predecir el éxito de la terapia y podría explicar su fracaso (Corbella y Botella, 2003). La relación que mantenga el terapeuta con el paciente es la base sobre la que se construye lo demás (Vivas y Roig, 2017).

La terapia no puede ser concebida sin tener en cuenta la relación interpersonal que se establece entre el paciente y el terapeuta. La calidad del vínculo entre ambas partes es fundamental para el éxito del proceso terapéutico y es un aspecto determinante para la eficacia (Corbella y Botella, 2003).

Para Bordin (1979) hay tres elementos clave que componen la alianza terapéutica, que son:

  • El vínculo positivo.
  • El acuerdo entre los objetivos entre paciente y terapeuta.
  • El acuerdo en las tareas.

Cuando nuestro paciente es una niña o niño, la relación que como terapeutas mantengamos con los padres va a ser fundamental para que la intervención tenga éxito.

Trabajando con los padres

En muchas ocasiones cuando los padres traen a su hijo o hija a consulta creen que el terapeuta va a trabajar exclusivamente con el menor y que será en este trabajo donde pronto se resolverá aquello que les trae a consulta. Lo cierto es que esta idea preconcebida que traen algunos padres está muy lejos de la realidad y es importante que les quede claro desde un primer momento. En la terapia con el niño o niña se necesita realizar un tratamiento global, en el que se abarquen todas las dimensiones y las relaciones que influyen en la vida del niño. Debido a esto, el papel de los padres dentro de la terapia infantil va a ser una pieza clave.

Melanie Klein consideraba que los padres eran aliados en el proceso de la terapia con los niños y siempre trataba de establecer una relación de confianza con ellos, realizando una reunión inicial con ellos antes de comenzar la terapia con el niño niña (Esparza, 2018).

Para poder trabajar la alianza terapéutica con los padres es fundamental que al principio de la terapia creemos un espacio seguro, que permita que ellos se involucren en el proceso terapéutico de su hijo o hija de manera activa (Aznar, 2009). Es importante que como padres colaboren en la terapia y que vayan acompañando a su hijo/a en los cambios que este experimenta. Para ello, si es necesario, tenemos que indicarles o recordarles que ellos son una pieza clave del proceso y que es necesario que colaboren en el mismo.

Como terapeutas tenemos que tratar de conectar con los padres para que ellos mismos puedan comprometerse con el proceso terapéutico. Si de inicio conseguimos esto, cuando más adelante pueda surgir algún imprevisto o alguna dificultad, esta unión que hemos establecido desde las primeras sesiones permitirá que esta situación sea más fácil de resolver. Esta conexión va a permitir que los padres confíen en nosotros como terapeutas y que puedan afrontar las dificultades que vayan surgiendo, a la vez que transmiten esta confianza a su hijo/a.

¿Por qué es importante la alianza terapéutica con los padres?

No hay ninguna duda de que la alianza terapeuta-paciente es un elemento fundamental en la terapia, pero… ¿qué ocurre con la alianza terapeuta-padres?, ¿por qué es importante?

Si conseguimos establecer una alianza terapeuta-padres es más probable que la familia continúe trayendo a terapia al niño o niña, a la vez que es más probable que participe de manera activa en el proceso (Diamond, Diamond y Liddle, 2000). No podemos olvidarnos de que siempre son los padres los que traen al niño a terapia, bien por iniciativa propia o guiados por el colegio, el pediatra, etc. Por tanto, son los padres los que se ocupan de traer al niño a la consulta y si no establecemos una buena alianza es posible que no vuelvan.

En este sentido, son muy relevantes las primeras sesiones que se establecen con los padres para poder establecer una buena relación con ellos, si esto no es así es posible que abandonen prematuramente el proceso (Vivas y Roig, 2017). Es por ello que la alianza terapéutica con los padres es esencial para el éxito de la intervención y especialmente al inicio de la misma.

Por otro lado, el éxito del proceso terapéutico y del ajuste al mismo va a depender en parte de la calidad de la alianza terapéutica que hemos conseguidos con los padres.

Asimismo, es relevante que los padres sean capaces de responder de manera adecuada mediante la empatía y el apoyo a las expresiones que muestra el niño tanto de dolor, de rabia como de tristeza. Para los padres va a ser más sencillo adoptar esta posición si han establecido una buena alianza con el terapeuta. Al sentirse apoyados y comprendidos por el terapeuta van a ser más capaces de incorporar nuevas formas de interaccionar con su hijo o hija (Diamond, Diamond y Liddle, 2000).

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Otro aspecto a tener muy en cuenta es que si tratamos de intervenir con el niño o niña sin contar con el apoyo de los padres vamos a estar dejando toda la responsabilidad del éxito o fracaso del proceso terapéutico en él o ella (Naidu y Behari, 2010). Esto es algo totalmente contraproducente y perjudicial para el propio niño o niña.

Si establecemos una buena relación con los padres aumentaremos su compromiso, su satisfacción y será más fácil que utilicen las estrategias y pautas que se les va proporcionando en la terapia.

¿Cómo podemos conseguir una buena alianza con los padres?

Para conseguir una óptima alianza terapéutica con los padres de nuestro paciente podemos apoyarnos en los siguientes factores:

En primer lugar un aspecto básico para tratar de establecer una buena alianza terapéutica con los padres es que comprendan que tanto el terapeuta como ellos van en la misma dirección, de manera que consigamos aunar fuerzas, experiencia y conocimientos. Asimismo, como terapeutas debemos de entender sus puntos de vista y aceptarlos sin juzgar.

Otro aspecto que puede facilitar una buena alianza terapéutica en un inicio es tratar de aceptar las posturas iniciales que traen los padres. A medida que se va desarrollando el proceso terapéutico quizá podamos cambiar o modificar algún aspecto, pero en un primer momento es importante que las aceptemos.

Debemos escuchar a los padres a través de la escucha activa. Para que ellos consigan mostrarse de forma abierta y confiar en nosotros como terapeuta de su hijo/a es importante que sepan que vamos a escucharles atentamente y que no les vamos a juzgar.

Otro aspecto a tener en cuenta es trasmitir interés cuando interactuemos con ellos, tanto si es de forma presencial como cuando se establezcan contactos telefónicos. Es importante que los padres perciban este interés y que vean en nosotros una disposición a ayudarles en todo momento.

Por otro lado, debemos mostrarnos empáticos. Tenemos que tratar de ponernos en su piel, de entender lo que están expresando o lo que están sintiendo. Para los padres va a ser muy importante que se sientan totalmente comprendidos por el terapeuta.

Otro aspecto fundamental es tratar de adaptarnos a cada familia. En ningún proceso terapéutico con un niño o niña vamos a encontrarnos con los mismos progenitores. Cada uno va a tener sus peculiaridades y es importante que las reconozcamos. De esta manera, ellos van a sentirse más comprendidos y más cómodos.

Algo que nunca debemos olvidar tanto con nuestro paciente como, en este caso, con sus padres es ser sinceros. Es importante que no provoquemos que se creen falsas ilusiones sobre el proceso terapéutico o sobre los avances que se van a conseguir. Tenemos que plantearles los aspectos que vayan surgiendo a su debido tiempo y de forma totalmente sincera. De lo contrario, nuestra alianza terapéutica estará totalmente en riesgo.

Otro elemento que puede ayudarnos a establecer una buena alianza terapéutica son las preguntas circulares o las preguntas reflexivas (Walter y Petr, 2006), puesto que suele ayudarles a ahondar un poco más allá en aquellos aspectos que se pretenden trabajar con su hijo o hija a la vez que les ayuda a explorar las posibilidades, los factores que están influyendo en la conducta del niño o niña, los desafíos a los que se enfrentan, etc.

Hay una serie de elementos que hemos visto que podemos tener en cuenta a la hora de poder establecer una buena alianza con los padres, pero es importante que no olvides tu estilo personal, mostrándote tal y como eres y adaptándote siempre al tipo de familia con el que te encuentres.

Sobre la autora

Soy Lucía Toca Pérez y soy psicóloga general sanitaria. 

Me gradué en la Universidad de Deusto y posteriormente realicé el máster en psicología general sanitaria en la Universidad Rey Juan Carlos. Me he formado también en atención temprana y en terapia sistémica.
Lo que más me apasiona de la psicología es el trabajo con los niños y adolescentes, y por tanto, con sus familias. Desde que empecé en el grado es algo que tenía bastante claro, que quería poder especializarme en estos aspectos. Actualmente trabajo con personas con enfermedad mental grave, ayudándolas y acompañándolas en su rehabilitación.

Puedes encontrarme en:

Para elaborar este post hemos consultado...

Aznar, M. (2009). Intervención con Padres en Clínica de Niños. Clínica y Salud, 20(3), 1130-5274.

Bordin, E.S. (1979). The generalizability of the psychoanalytic concept of the wor king alliance. Psychotherapy: Theory, research and practice, 16(3), 252-260.

Corbella, S., y Botella, L. (2003). La alianza terapéutica: historia, investigación y evaluación. Anales de psicología, 19(2), 205-211.

Diamond, G. M., Diamond, G. S., & Liddle, H. A. (2000). The therapist–parent alliance in family‐based therapy for adolescents. Journal of Clinical Psychology56(8), 1037-1050.

Esparza, E. M. (2018). Alternativas terapéuticas en niños y adolescentes. Universidad Nacional Autónoma de México.

Horvath, A. O., & Bedi, R. P. (2002). The alliance. In J. C. Norcross (Ed.), Psychotherapy relationships that work: Therapist contributions and responsiveness to patients (p. 37–69). Oxford University Press.

Naidu, T., y Behari, S. (2010). The parent-child-therapist Alliance: a case study using a strategic approach. Journal of child and adolescent mental health, 22(1), 41-50.

Vivas, M., y Roig, C. (2017). La alianza terapéutica en la terapia familiar sistémica. Eduvic.

Walter, U. M., Petr, C. (2006). Therapeutic Alliance with children and families. Review of the national literature. University of Kansas. School of Social Welfare.

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PsicoSanitaria

Consentimiento informado en menores: un imprescindible en psicología sanitaria​

Consentimiento informado en menores: un imprescindible en psicología sanitaria

Patricia Sánchez Rubio, socia 120 de PsicoSanitaria

Imagen de Catkin en Pixabay
Imagen de Catkin en Pixabay

El consentimiento informado es un aspecto básico de nuestro trabajo como profesionales de la psicología en el ámbito sanitario. Sin embargo, cuando trabajamos con menores, se hace todavía más imprescindible. En este artículo explicamos cómo y cuándo debemos aplicarlo.

 

¿Qué es el consentimiento informado?

La Ley Básica Reguladora de la Autonomía del Paciente y de Derechos y Obligaciones en Materia de Información y Documentación Clínica define el consentimiento informado como:

“la conformidad libre, voluntaria y consciente de un paciente, manifestada en el pleno uso de sus facultades después de recibir la información adecuada, para que tenga lugar una actuación que afecta a su salud”.

Al ser los PGS profesionales sanitarios, es necesario que aportemos a nuestros pacientes toda la información que necesitan para decidir libremente si la terapia o intervención psicológica que van a recibir es la adecuada para ellos. Algunos de los datos que podemos aportar son:

  • Funcionamiento de las sesiones (duración, periodicidad, honorarios, política de cancelación o cambios…)
  • Política de protección de datos
  • Derechos que tiene como paciente

El consentimiento informado puede ser oral o presentarse por escrito. Elijas la modalidad que elijas, lo más importante es que la persona con la que vas a comenzar la terapia tenga claro todo lo que implica iniciar un proceso terapéutico, y esté de acuerdo con ello.

Pero, ¿qué ocurre cuando la persona con la que estamos trabajado es un menor de edad?

El consentimiento informado en menores

Cuando trabajamos con niños y niñas, no podemos olvidar que son también personas, y que tienen, al igual que los adultos, el derecho a ser informados sobre su terapia y a ser escuchados y que su opinión se tenga en cuenta para el desarrollo de la misma.

No obstante, según la edad que tengan, tenemos también la obligación de que sus progenitores (ambos) den su consentimiento para que la terapia se realice. Aunque puede prestarse de forma oral, al trabajar con niños y niñas es recomendable presentar el consentimiento por escrito.

A continuación, vamos a analizar cómo afrontar cada caso en función de la edad del menor.

Menores de 12 años

En el caso de los niños y niñas más pequeños, necesitamos que sean los padres (o tutores) los que nos presten su consentimiento informado, a pesar de que se cuente con la opinión del niño y se le informe de todo el proceso de una manera adaptada a su capacidad de comprensión. La ley no les presume capacidad de elección en este caso, por lo que es imprescindible tener este consentimiento informado de sus progenitores (Del Río, 2010).

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Menores a partir de 16 años

En España, los 16 años suponen la mayoría de edad sanitaria. Por lo tanto, el menor puede tomar decisiones sanitarias por sí mismo, sin necesitar la autorización paterna o materna. Así pues, el consentimiento informado debe darlo él, aunque siempre es preferible contar también con el apoyo de sus padres.

Menores entre 12 y 16 años

En esta franja de edad es donde nos surgen más dudas. Aunque la decisión corresponde a los padres, hay obligación de tener en cuenta la opinión de los menores y de valorar su capacidad de juicio. Pero, ¿qué quiere decir que valoremos su capacidad de juicio?

Según la doctrina del menor maduro, los derechos fundamentales pueden ser ejercidos por la persona desde el mismo momento en que es lo suficientemente madura para ello (Del Río, 2010), aunque no haya cumplido aún los 18 años.

Por este motivo, cuando trabajamos con menores entre 12 y 16 años es importante que valoremos, mediante entrevistas clínicas (o incluso algún cuestionario si lo valoramos pertinente), la capacidad que tienen para: tomar decisiones relevantes, resolver problemas, reconocer errores, manejar sus emociones, asimilar la información que recibe…Tras esta valoración de la madurez y/o juicio del menor, podemos encontrarnos con dos supuestos:

 

  • Que consideremos que el menor es un menor maduro: en este caso, será él el que preste el consentimiento informado y se respetarán sus decisiones con respecto a la terapia, aunque como hemos comentado antes, siempre es recomendable que también los padres participen en el proceso.
  • Que consideremos que el menor no es maduro: si valoramos que el menor no tiene la suficiente madurez, serán los progenitores los que deban dar su consentimiento para la intervención.
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Situaciones conflictivas

Normalmente, suelen darse situaciones conflictivas cuando se interviene con menores sin capacidad plena para prestar el consentimiento cuyas familias se encuentran en situación de conflictividad (separación o divorcio).

En estos casos, lo primero que tenemos que saber es si ambos progenitores cuentan con la patria potestad del menor. Si es así, hay que ser rigurosos y cautelosos, puesto que necesitamos que el consentimiento informado sea otorgado tanto por el padre como por la madre, aunque solo uno de ellos sea el que ha traído al pequeño a nuestra consulta. Por lo tanto, tendremos que ponernos en contacto con el otro progenitor e informarle de en qué va a consistir nuestra terapia. Si no existe acuerdo entre ambos y no se cuenta con el consentimiento de uno de ellos, no es posible continuar con el proceso terapéutico.

Contamos con dos excepciones para estos casos:

  • Que exista una autorización judicial para que solamente uno de los progenitores preste el consentimiento (por ejemplo, en casos en que haya un procedimiento judicial abierto contra uno de ellos).
  • Que el psicólogo considere que los padres están realizando un ejercicio abusivo de su patria potestad (por ejemplo, negándole al niño un tratamiento que necesita y que se ha comprobado que es eficaz). En este caso, es recomendable acudir al colegio de psicólogos para que nos asesoren legalmente sobre cuáles son los pasos a seguir.

Sobre la autora

Mi nombre es Patricia Sánchez Rubio, y soy psicóloga por vocación, y por
convicción. Me gradué en psicología en la Universidad Miguel Hernández para
posteriormente mudarme a Madrid para estudiar el máster de psicología
general sanitaria en la Universidad Autónoma.

Mi pasión es el trabajo con niños y niñas, por lo que actualmente me encuentro
cursando un nuevo máster en terapia psicológica infantojuvenil.
Para conocerme mejor, podéis encontrarme en:

Para elaborar este post hemos consultado...

Ley 41/2002, de 14 de noviembre, básica reguladora de la autonomía del paciente y de derechos y obligaciones en materia de información y documentación clínica. Disponible en:  https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2002-22188

Del Río Sánchez, C. (2010). El consentimiento informado en menores y adolescentes: Contexto ético-legal y algunas cuestiones problemáticas. Revista Información Psicológica, 100, 60-67.

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Primera sesión con el paciente: las claves del éxito

Primera sesión con el paciente: las claves del éxito

Lorena Lasheras Moñino

Imagen de Tim Mossholder en Unsplash
Imagen de Tim Mossholder en Unsplash

¿Qué aspectos debemos tener en cuenta en la primera entrevista con cualquier paciente que venga a nuestra consulta? ¿Qué temas deberíamos tocar “sí o sí”? ¿Qué no deberíamos hacer en ningún caso? Es difícil unificar todas estas pautas en un protocolo general, ya que “cada maestrillo tiene su librillo”. Si te interesa conocer las claves del éxito para que tus pacientes decidan volver a tu consulta en la siguiente sesión, sigue leyendo.

 

La importancia de la alianza terapéutica

Cualquier profesional de la Psicología conoce la importancia del primer contacto con nuestro paciente, ya que es en este momento cuando se construyen las bases de la relación terapeuta-paciente. Si el paciente no se siente cómodo, disminuirán las probabilidades de que vuelva en la siguiente sesión, y de esa manera no le podremos ayudar. Así, el objetivo principal de la primera sesión va a ser crear un ambiente suficientemente seguro como para que el paciente quiera volver. ¿Sirve de algo realizar muchas preguntas y recoger toda la información posible, si el paciente no vuelve nunca más?

Durante toda la sesión es importante crear una buena relación terapéutica, a lo que muchos psicólogos llaman, el “rapport inicial”. El término rapport viene del francés “rapporter” y significa “crear una relación” o “traer de vuelta” (Escaño, 2019). Este concepto de rapport, o alianza terapéutica, fue desarrollado durante el siglo XX  por Freud, quien en su trabajo The Dynamics of Transference (1912) ya expuso que para que analista y paciente puedan establecer una relación positiva, es importante que el profesional muestre interés y una actitud comprensiva. A veces se pasa por alto la relevancia de crear este clima de confianza. La evaluación psicológica y las técnicas de tratamiento son sumamente importantes para la mejoría del paciente, así tanto como que éste confíe en nosotros plenamente y se sienta motivado para seguir el tratamiento. Se estima que un gran porcentaje del éxito de los tratamientos psicológicos se debe a una alianza terapéutica de calidad, existiendo una relación positiva entre esta alianza y los resultados de la terapia (Flückiger, Del Re, Wampold y Horvath, 2018).

Diversos autores han intentado reunir las características principales que debe tener la relación terapéutica. Bordin (1979) identificó tres elementos que componen la alianza terapéutica:

  • el vínculo positivo
  • el acuerdo en los objetivos entre paciente y terapeuta
  • el acuerdo en las tareas

No hay que olvidar las habilidades terapéuticas, como la escucha activa, la calidez y la empatía, que son necesarias para crear ese clima de confianza y mantenerlo durante todas las sesiones posteriores.

¿Cómo abordar los primeros momentos?

Técnicas más específicas de los primeros momentos de la sesión pueden ser mantener una breve conversación informal para romper el hielo. ¿Y si empiezas con un “¿qué tal?, ¿has encontrado fácilmente la consulta?”, en vez de empezar a hacer preguntas rápidamente?

Tras mantener una breve conversación para romper el hielo, pasaremos a realizar el encuadre terapéutico. Conviene explicar algunos aspectos básicos al paciente para que éste gane seguridad. Es importante dar información sobre nosotros mismos y sobre cómo va a ser la terapia. Cuanta más información disponga el paciente, más sensación de control va a experimentar, y con ello, más relajación para abrirse a nosotros. Algunos aspectos básicos a explicar son: confidencialidad, honorarios, tiempo de las sesiones, como van a ser las sesiones (inicialmente evaluación y más adelante tratamiento), explicar nuestra formación, etc.

Conociendo más a nuestro paciente

A continuación procederemos a recoger información sobre la vida del paciente. Intentaremos, en la medida de lo posible, realizar preguntas abiertas, para intentar así que el paciente hable más, y con ello obtener más cantidad de información.

Aspectos de la vida del paciente que no podemos olvidar son:

  • Datos demográficos (edad, procedencia, estado civil, etc)
  • Área laboral
  • Información sobre su alimentación y sueño
  • Estado general de salud
  • Aficiones
  • Vida social (relaciones de amistad, pareja)
  • Información sobre su familia (genograma, antecedentes psiquiátricos familiares, relación con cada uno de ellos…)
  • Consumo de drogas

Es importante que nunca empecemos a preguntar ni cambiar de tema bruscamente sin avisar previamente al paciente.

Imagen por KOBU Agency en Unsplash

Una herramienta de gran utilidad para recoger toda esta información es la “Línea de vida”. Se trata de plasmar gráficamente la vida del usuario, desde su nacimiento, hasta el momento presente. El objetivo de esta técnica es ordenar y recoger los acontecimientos más relevantes de la vida del paciente, así como la psicopatología que ha podido presentar a lo largo de su vida. Ésta técnica, al ser gráfica, nos ayuda a visualizar fácilmente y poder unir acontecimientos de la vida de nuestro paciente, para poder explicar el origen y mantenimiento de la psicopatología presente.

¿Qué nos ha traído aquí?

Cabe diferenciar como un punto a parte el motivo de consulta del paciente. Seguramente, durante toda la entrevista, nuestro paciente nos ha ido dando información sobre qué le ocurre, sobre su estado de ánimo, sobre sus problemas, etc. Aun así, es idóneo preguntarle explícitamente sobre el problema que más malestar le está causando actualmente, y sobre que es lo que le ha llevado a pedir ayuda en “este preciso momento”.

Del motivo de consulta de nuestro paciente, van a derivar los objetivos terapéuticos que acordemos con él, en definitiva, ¿qué es lo que nuestro paciente espera de nosotros?, ¿en qué cree que le podemos ayudar? La respuesta a estas preguntas es lo que nos va a permitir conectar con sus necesidades, y conseguir así nuestro objetivo: “que vuelva” si lo necesita.

Antes de concluir la sesión

Para terminar, y no menos importante, debemos devolver la información al paciente. Hacer un resumen de la sesión, así como pactar la siguiente, va a ser nuestro punto de conexión con él.

Es conveniente que el paciente tenga alguna tarea sencilla que realizar durante la semana (rellenar algún test, técnicas de relajación, autorregistro, etc.), para aumentar su compromiso hacia nosotros cuando no estamos presentes. Aquí es conveniente volver a utilizar la conversación informal, para crear un clima amable, y aprovechar así el efecto de recencia, el cual indica que la información facilitada al final es la que mejor recordamos, posiblemente por su almacenamiento y presencia en la memoria a corto plazo (Baddeley, 2003).

Dar las gracias al paciente, reforzar por su valentía y confianza. Si conocemos algún aspecto que le gusta, podemos aprovecharlo para charlar sobre ello. Algunas preguntas para este momento pueden ser: ¿Cómo te has sentido? ¿Tienes alguna duda, quieres preguntarme algo?, ¿estás menos nervioso/a?

Recuerda: ¡sé tú mismo!

Como conclusión final, recalcar que siempre debe existir flexibilidad en el guión de la entrevista, para poder adaptarlo así a las respuestas del paciente. Un equilibrio entre preguntar y nuestro objetivo principal (que el paciente vuelva). En este sentido, la primera sesión es crítica, ya que en este primer momento debemos invertir más esfuerzo en adaptarnos a la persona que tenemos delante y que acabamos de conocer.

En el intento de adaptarnos a nuestro paciente, no debemos perder nuestra esencia personal. Debemos ser fieles a nosotros mismos, ya que el éxito de nuestro trabajo radica en la autenticidad. En este sentido, cada uno de nosotros tiene un “estilo personal”. Hay profesionales más cálidos, otros con más sentido del humor, etc. De esta manera, habrá pacientes que cuadren a la perfección con nosotros, y otros que debamos derivar a otro psicoterapeuta. Así, todos los profesionales del ámbito de la Psicología debemos hacernos la siguiente pregunta, y reflexionar sobre ello: ¿Cómo somos como terapeutas?

Desde nuestra autenticidad y gran capacidad de adaptación, podremos aprender a explotar todo nuestro potencial como Profesionales de la Psicología.

 

“Descubrir algo significa ver lo mismo que está viendo todo el mundo, y percibirlo de manera diferente” (Albert Szent Gyogi).

Sobre la autora

Soy Lorena Lasheras Moñino. Psicóloga General Sanitaria, graduada por la Universidad Complutense de Madrid, en constante formación.

Desde mi juventud siempre tuve clara mi vocación profesional, la Psicología, como una forma de conocer más al ser humano, sus inquietudes y sus miedos, y por supuesto a mi misma. Acompaño a mis pacientes en este camino, creciendo con ellos, ayudándoles a encontrar su sentido en la vida y aprendiendo de los errores. Acompaño a personas adultas y parejas.

Puedes encontrarme en:

  • INSTAGRAM: @comprende_tu_mente/ @lorenalasheras
  • CORREO ELECTRÓNICO: lorenala@ucm.es

Para elaborar este post hemos consultado...

Baddeley, A. (2003). Memoria humana. Teoría y práctica. Madrid: McGrawHill.

Bordin, E.S. (1979). The generalizability of the psychoanalytic concept of the wor king alliance. Psychotherapy: Theory, research and practice, 16(3), 252-260.

Escaño, A. (2019). ¿Qué es el rapport? Conoce las mejores técnicas para generar una buena relación.  Psicología: La mente es maravillosa. Recuperado de https://lamenteesmaravillosa.com/que-es-el-rapport-conoce-las-mejores-tecnicas-para-generar-una-buena-relacion/

Flückiger, C., Del Re, A. C., Wampold, B. E., & Horvath, A. O. (2018). The alliance in adult psychotherapy: A meta-analytic synthesis. Psychotherapy55(4), 316.

Freud, A. (2018). The ego and the mechanisms of defence. Routledge.

Freud, S. (1912). The dynamics of transference. Classics in psychoanalytic techniques, 3-8.

Rogers, C. R. (1951). Psicoterapia centrada en el cliente. Buenos Aires: Paidós.

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